dilluns, 29 de juliol del 2013

6. Sung / El Conflicto (El Pleito)

訟

en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:



El signo primario superior, cuya imagen es el cielo, orienta su movimiento hacia arriba; el signo primario inferior – agua -, conforme a su naturaleza tiende hacia abajo. Los rumbos de movimiento de las dos mitades divergen y esto da por resultado la idea de conflicto. Cualidad de lo creativo es la fuerza, la energía; la de lo abismal es el peligro, la astucia.
Allí donde la astucia se enfrenta con la fuerza violenta, hay querella, conflicto.
Una tercera deducción, referida al carácter, se impone en virtud del enlace de una insondable, abismal astucia en lo interior con una enérgica decisión en lo exterior. Un carácter semejante será seguramente pendenciero.

EL DICTAMEN

El conflicto: eres veraz y te frenan. Detenerse con cautela a mitad de camino trae ventura. Ir hasta el fin trae desventura. Es propicio ver al gran hombre. No es propicio atravesar las grandes aguas.

El conflicto surge cuando alguien, sintiendo que está en su buen derecho, se topa con resistencias. Sin esa convicción de que uno está en su derecho, la resistencia conduce a la astucia o a la trasgresión violenta, y no al pleito abierto.
Cuando uno se halla envuelto en un pleito, lo único que podrá traerle salvación es una vigorosa y firme serenidad, dispuesta en todo momento a la conciliación del pleito, al arreglo a mitad de camino. Continuar la querella hasta su amargo fin acarrea malas consecuencias, aun cuando uno concluya teniendo razón, puesto que en tal caso se perpetúa la enemistad. Es importante ver al gran hombre, vale decir a un hombre imparcial, cuya autoridad sea suficiente como para solucionar el pleito en forma pacífica o bien para fallar con justicia. Por otra parte, en tiempos de discordia es preciso evitar “atravesar las grandes aguas”, vale decir iniciar empresas riesgosas, pues éstas, si han de tener éxito, requieren una real unificación de fuerzas. El conflicto en lo interior paraliza la fuerza necesaria para triunfar sobre el peligro en lo exterior.

LA IMAGEN 

Cielo y agua se mueven en sentido contrario:
 la imagen del conflicto. Así el noble, en todos los negocios que realiza, reflexiona debidamente sobre su comienzo.

La imagen indica que las causas del conflicto residen en las orientaciones opuestas, ya previamente existentes, de ambas partes. Una vez que aparecen tales direcciones divergentes necesariamente se origina en ellas el conflicto. Se infiere entonces que a fin de precaver el conflicto conviene pensar cuidadosamente en todo desde el mismo comienzo. Cuando se establecen claramente derechos y deberes, o si en una asociación humana convergen las orientaciones espirituales, la causa del conflicto queda de antemano eliminada.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un seis significa:
Si uno no perpetúa la cuestión
habrá un poco de chismorreo.
Al cabo llega la ventura.
Mientras el conflicto se halla todavía en su comienzo incipiente lo mejor que puede hacerse es abandonarlo. Sobre todo frente a un adversario más fuerte no es aconsejable dejar que las cosas avancen hasta producirse el debate del pleito. Tal vez se llegue así a un breve cambio de palabras, pero finalmente todo irá bien.

Nueve en el segundo puesto significa:
Uno no puede pleitear, retorna a su casa y lo elude.
Las gentes de su ciudad, trescientas casas,
quedan libres de culpa.
En la lucha con un adversario superior, la retirada no es ninguna vergüenza. El retirarse a tiempo evita malas consecuencias. Si instigado por un falso amor propio, uno promoviera el conflicto, provocaría su propia desgracia. En un caso semejante, una sabia transigencia redunda en bien de todo el vecindario que, de esta manera, no se verá arrastrado al conflicto.

Seis en el tercer puesto significa:
Nutrirse de antigua virtud da perseverancia.
Peligro, al cabo llega la ventura.
Si acaso sigues obediente al servicio de un rey,
no busques obras.
Hay aquí una advertencia acerca del peligro que implica la propensión al arrebato. Sólo lo que uno se ha ganado honradamente, en virtud de méritos previos, constituye una posesión duradera. Semejante posesión puede por cierto sufrir ataques ocasionales, mas puesto que se trata de real propiedad, no puede ser objeto de un robo. Pues no puede perderse lo que a uno le corresponde merced al poder de su propia naturaleza. Cuando uno entra al servicio de un superior, el conflicto sólo puede evitarse si uno no se propone realizar obras para hacer mérito; bastará que éstas se hagan. El honor de hacerlas bien puede dejársele al otro.

Nueve en el cuarto puesto significa:
Uno no puede pleitear,
se vuelve y acata el destino,
cambia, y encuentra paz en la perseverancia.
¡Ventura!
Al principio, una actitud interior que no halla sosiego. Uno no se siente cómodo en la situación en que se encuentra y quisiera pleitear para procurarse una mejor situación. Tiene que habérselas con un adversario más débil y estaría por lo tanto perfectamente capacitado para hacerlo -he aquí una diferencia en comparación con “nueve en el segundo puesto”-, sin embargo, pleitear no le resulta, porque no hallando para ello justificación interior, su conciencia no se lo permite. Por lo tanto opta por volverse atrás y se conforma con su destino. Modifica su actitud y encuentra paz duradera en la armonía con la ley eterna. Esto aporta ventura.

Nueve en el quinto puesto significa:
Pleitear ante él trae elevada ventura.
Aparece aquí el componedor del pleito; es poderoso y justo y dispone de la fuerza necesaria para imponer el derecho. En sus manos puede dejarse un litigio con toda confianza. Si uno tiene razón y está en su derecho obtendrá gran ventura.

Al tope un nueve significa:
Aún cuando acaso a alguien se le otorgue un cinturón de cuero,
al terminar la mañana le será arrancado tres veces.
Aquí se describe a una persona que ha llevado el pleito hasta su amargo fin haciendo valer su razón. Se le confiere una distinción. Pero esta dicha no es duradera. La atacarán una y otra vez, y un conflicto sin fin será la consecuencia.

(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9

7. Shih / El Ejercito

師
en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:

Este signo se compone de los signos primarios K'an, el agua, y K'un, la tierra. Se simboliza así el agua subterránea que va juntándose en lo interior de la tierra. Del mismo modo se reúnen las fuerzas del ejército en medio de la multitud de un pueblo: invisibles en la paz, pero disponibles en todo momento como fuente de poder. Los atributos de los signos primarios son: en lo interior peligro y en lo exterior obediencia. Esto indica la naturaleza del ejército, que en su esencia mas íntima es una entidad peligrosa, mientras que en su manifestación exterior debe reinar la disciplina y la obediencia.
Desde el punto de vista de las líneas individuales, el rector del signo es el fuerte "nueve en el segundo puesto" al que se subordinan los demás trazos, todos blandos. Esta línea designa al mandatario, ya que ocupa el centro de uno de los dos signos primarios. Pero como se ubica en el de abajo y no en el de arriba, no representa la imagen del soberano, sino la del hábil general que mantiene al ejército en obediencia gracias a su autoridad.

EL DICTAMEN 

El ejército requiere perseverancia y un hombre fuerte.
 Ventura sin falla.
El ejército constituye una masa que, para convertirse realmente en ejército, requiere organización. Nada se puede lograr sin una firme disciplina. Mas esta disciplina no es posible obtenerla a la fuerza y con medios violentos, sino que reclama a un hombre fuerte al cual se vuelquen los corazones y que despierte entusiasmo. Este. Para poder desplegar sus dotes, debe contar con la confianza incondicional de su soberano, quien ha de dejar en sus manos la plena responsabilidad mientras dure la guerra. Pero una guerra es siempre una empresa riesgosa que acarrea danos y devastación. Por eso no se la debe iniciar con ligereza; únicamente debe recurrirse a ella como se apela a un remedio venenoso, y en última instancia. Un conductor experto ha de explicarle al pueblo con toda claridad la causa justa y presentarle un objetivo de guerra evidente y comprensible. Solo si existe un objetivo perfectamente determinado, por el cual el pueblo sea capaz de jugarse conscientemente, nacen, la unanimidad y la fortaleza de la convicción que conducen a la victoria. Pero el guía también debe cuidar de que en medio de la pasión guerrera y de la embriaguez del triunfo no se produzcan hechos injustos que no merecerían la aprobación general. La justicia y la perseverancia son las condiciones fundamentales para que todo marche bien.

LA IMAGEN 

En medio de la tierra hay agua: la imagen del ejército.
 Así el noble, en virtud de su magnanimidad para con el pueblo, acrecienta sus multitudes.
El agua subterránea permanece invisible en medio de la tierra. Así también el poder guerrero del pueblo se oculta invisible en sus multitudes. Cada campesino, cuando amenaza el peligro, se convierte en soldado y al término de la guerra retorna a su puesto junto al arado. Quien se muestra magnánimo con el pueblo conquista su amor, y el pueblo que vive bajo un régimen benigno se torna fuerte y poderoso. Únicamente un pueblo con una sólida económica puede tener relevancia en cuanto potencia bélica. Debe cultivarse, pues, esa potencia fomentándose las relaciones económicas del pueblo, mediante un gobierno humanitario. Únicamente si existe este lazo invisible entre gobierno y pueblo, que hace que el pueblo se sienta albergado como el agua subterránea en la tierra, es posible conducir una guerra victoriosamente.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un seis significa:  
Un ejército ha de partir en perfecto orden. Cuando no es bueno el orden, amenaza la desventura.
Al iniciarse una empresa bélica es necesario que refine el orden. Debe haber una causa justa y convincente, y la obediencia y la estructuración de las tropas deben organizarse perfectamente, pues en caso contrario el fracaso será la inevitable consecuencia.

Nueve en el segundo puesto significa:  
¡En medio del ejército! ¡Ventura! ¡Ninguna falla! El rey confiere un triple galardón.
El conductor debe hallarse en medio de su ejército. Debe sentirse en contacto con él y compartir con las multitudes a las que conduce tanto lo bueno como lo malo. Solo de este modo hará justicia a la grave responsabilidad que pesa sobre él. Para ello le es necesario el reconocimiento del soberano. Las distinciones que obtiene son justificadas, ya que no son fruto de una preferencia personal; antes bien-. Se honra en la persona del conductor a todo él ejército en cuyo medio él permanece.

Seis en el tercer puesto significa:  
Acaso el ejército conduzca cadáveres en el carruaje. ¡Desventura!
Una de las explicaciones pertinentes seria la una derrota, en razón de haberse inmiscuido en la conducción alguien que no es el guía predestinado. Otra explicación existente coincide, en su sentido, con la anterior, solo que la expresión "conducir cadáveres en el carruaje" se interpreta de otra manera. En ocasión de los sepelios y sacrificios mortuorios se observaba en China una costumbre por la cual el extinto, a quien se ofrendaba en sacrificio, era representado por un niño varón de la familia, sentado en el sitio destinado al cadáver, y al que se honraba en reemplazo del extinto. De ahí la mencionada explicación deriva la interpretación según la cual en el carruaje en cuestión va sentado un "niño cadáver", vale decir que la autoridad no es ejercida por quien corresponde, sino que hay otros que la usurpan. Tal vez toda la dificultad pueda obviarse mediante la suposición de un error de escritura (fan = todos, en lugar de shi = cadáver. En tal caso el sentido seria sin más: si acaso la multitud se hace dueña del ejército (viajando en el carruaje), las consecuencias serán desventuradas.

Seis en el cuarto puesto significa:  
El ejército se retira. No hay falla.
Si uno se enfrenta con un enemigo superior, con el cual la lucha no tendría perspectiva alguna de éxito, una retirada en orden será lo único adecuado, pues así él ejercito se preservara de la derrota y la disolución. No es de ninguna manera señal de coraje o fuerza empecinarse en librar, cueste lo que cueste, un combate sin esperanza de éxito.

Seis en el quinto puesto significa:  
En el campo hay un montaraz. Es propicio apresarlo. No hay falla. Conduzca el de más avanzada edad el ejército. El más joven conduce cadáveres; así la perseverancia acarrea desventura.
El animal salvaje se halla en el campo; vale decir, abandono su morada, el monte, y ha irrumpido en los campos devastándolos. Esto alude a la irrupción del enemigo. En tal caso se justifica plenamente la lucha enérgica y la punición. Pero el combate debe conducirse de acuerdo con todas las reglas. No ha de convertirse en un turbulento caos donde cada cual se defiende como puede. Esto, aun con máxima perseverancia y valentía, llevaría a la desventura. Bien al contrario, el ejército ha de ser guiado por un experto conductor. Es necesario llevar adelante una acción bélica. No es lícito que la multitud se empeñe en matar y liquidar simplemente todo lo que cae en sus manos, pues de este modo solo se obtendrá una derrota y, pese a toda perseverancia, predominaría la amenaza de la desventura.

Al tope un seis significa:  
El gran príncipe emite órdenes, funda estados, otorga feudos a familias. Hombres vulgares no deben utilizarse.
La guerra ha llegado a su victorioso fin. Se ha conquistado el triunfo. El rey reparte feudos y posesiones familiares entre sus leales. Pero es importante que las gentes vulgares no puedan llegar al poder. Si han contribuido con su ayuda, debe pagárseles con dinero. Pero no deben concedérseles predios ni derechos señoriales, a fin de que no se produzcan abusos.

(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9

8. Pi / La Solidaridad

比

en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:

Sobre la tierra, el agua confluye cómo y dónde puede, juntándose p. ej. en el mar, donde se reúnen todos los ríos. Es este un símbolo que sugiere la solidaridad y sus leyes. Se insinúa la misma idea en el hecho de que todos los trazos sean blandos, dúctiles, con excepción de la única línea firme en el quinto puesto, el lugar del soberano. Los dúctiles se mantienen unidos, se solidarizan al recibir el influjo de la voluntad firme que emana del puesto conductor que, para ellos, constituye el centro de la unión. Pero, a su vez, también esta fuerte personalidad conductora se solidariza con las otras, en las que encuentra un complemento necesario a su propia naturaleza.

EL DICTAMEN

La solidaridad trae ventura.
Indaga el oráculo una vez más,
ve si tienes elevación, duración y perseverancia;
si es así no habrá defecto.
Los inseguros se allegan poco a poco.
El que llega tarde tiene desventura.

Es cuestión de unirse a otros, a fin de complementarse y de estimularse mutuamente mediante una solidaria adhesión. Para semejante solidaridad, es preciso que exista un centro en torno al cual puedan congregarse los demás. El llegar a ser centro para la solidaridad de los hombres, es asunto grave que implica gran responsabilidad. Requiere, en el fuero interno, grandeza, consecuencia y vigor. Examínese, pues, a sí mismo, quien desee reunir en su torno a otros, con el fin de cerciorarse si se halla a la altura de la situación; pues quien pretenda reunir a otros sin estar munido del sello que da una verdadera vocación, ocasionará una confusión mayor que si no hubiera tenido lugar unión alguna.
Pero donde existe un verdadero foco de unión, allí los inseguros, aquellos que al comienzo vacilan, van acercándose, paulatinamente, por sí mismos. Quienes llegan tarde sufrirán los perjuicios que ellos mismos se causan. También en el caso de la solidaridad se trata de caer en la cuenta de cuál es el buen momento, el tiempo justo. Los vínculos se establecen y se fortalecen de acuerdo con determinadas leyes internas. Los consolidan experiencias vividas en común, y el que llega tarde y ya no puede participar de esas fundamentales experiencias conjuntas, tendrá que sufrir, en su condición de rezagado, las consecuencias de encontrar la puerta cerrada. Ahora bien, quien ha reconocido la necesidad de la cohesión y no siente dentro de sí la fuerza suficiente para actuar él como centro de la solidaridad, tiene el deber de unirse a otra comunidad organizada. *

* Compárese el conocido dístico: "Aspira siempre a la totalidad; si no puedes llegar a ser un todo tú mismo, adhiérete como miembro al servicio de un todo."

LA IMAGEN

Sobre la tierra hay agua: la imagen de la solidaridad.
Así los reyes de tiempos antiguos otorgaban en feudo
los diferentes Estados y mantenían trato amistoso con los príncipes vasallos.

El agua sobre la tierra rellena todas las cavidades y se adhiere firmemente. La organización social de la antigüedad se fundaba en este principio de solidaridad entre los dependientes y los soberanos. Las aguas confluyen por sí solas, porque las mismas leyes rigen el agua en todas sus partes. Así también la sociedad humana ha de mantenerse unida gracias a una comunidad de intereses por la cual cada uno puede sentirse miembro de un todo. El poder central de un organismo social debe procurar que cada miembro encuentre su real interés en la solidaridad, como era el caso en la relación paternalista entre el Gran Rey y los príncipes vasallos de la antigüedad china.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un seis significa:
Mantente solidario con él, de verdad y lealmente:
no será una falla.
Verdad como una colmada vasija de barro.
Así por fin desde afuera llegará la ventura.

Para entablar relaciones, la plena veracidad y sinceridad es la única base correcta. Esta actitud interior, representada por la imagen de una colmada fuente de barro cocido, en la cual todo es contenido y nada es forma vacía, no se manifiesta mediante sagaces palabras, sino a través del poder de las fuerzas interiores, tan imponente que con vigor atrae hacia sí la ventura procedente de lo exterior.

Seis en el segundo puesto significa:
Mantente solidario con él en tu fuero interno.
La perseverancia trae ventura.

Cuando de un modo recto y perseverante va uno al encuentro de los ruegos que desde arriba exhortan a obrar, las relaciones con el otro son en primer término interiores; así uno no se pierde a sí mismo. En cambio, quien busca solidaridad como un pegajoso trepador, no sigue el sendero del noble que salvaguarda su dignidad, sino que se desperdicia a sí mismo.

Seis en el tercer puesto significa:
Te solidarizas con gente
que no es la que debe ser.

Uno se encuentra a menudo entre personas de las que ninguna pertenece a la propia esfera. Entonces es preciso no dejarse arrastrar, por la fuerza de la costumbre, hacia una falsa familiaridad. Huelga demostrar con palabras que esto sería perjudicial. Cierta camaradería, sin intimidad, es lo único indicado para con este tipo de gente: sólo así se mantiene uno libre para una relación ulterior con sus pares.

Seis en el cuarto puesto significa:
También en lo externo mantente solidario con él.
La perseverancia trae ventura.

Las relaciones con un hombre que es centro de la solidaridad ya se encuentran aquí regularizadas de un modo estable. Entonces puede y debe uno manifestar su adhesión también abiertamente. Sólo es necesario permanecer firme y no permitir que nada nos confunda, y nos induzca a error.

Nueve en el quinto puesto significa:
Manifestación de la solidaridad.
El rey, durante la cacería, solo permite la batida
desde tres lados, y renuncia a los venados
que se desvían hacia adelante.
Los ciudadanos no requieren advertencia. ¡Ventura!

En las cacerías reales con batidores, en la China antigua, se observaba la usanza de dar batida a las reses de caza desde tres lados. Por el cuarto lado, la res batida podía desviarse. En cuanto los animales no se desviaban tomando ese rumbo, tenían que pasar por una puerta, detrás de la cual se hallaba apostado el rey, listo para darles caza. Únicamente se tiraba sobre aquellos animales que penetraban allí. A los que torcían el rumbo desviándose hacia adelante, se los dejaba escapar. Esta costumbre se conformaba al ánimo real, que no deseaba que la caza se convirtiese en una carnicería, sino que sólo daba cuenta de aquellas piezas que, por así decirlo, se ofrecían voluntariamente.
Aparece aquí un gobernante, o bien por analogía un hombre de influencia, que atrae poderosamente a la gente. Él no ruega a nadie, no adula a ninguno; todos acuden por sí mismos. De este modo se forma una libre dependencia entre aquellos que hacen causa común con él. La gente no se ve en la necesidad de tener que violentarse; antes bien, sin peligro alguno, pueden todos dar muestras de su modo de pensar y de sentir. Las disposiciones policiales están de más. Espontáneamente sienten ellos afecto por su gobernante. También en lo que respecta a la vida en general tiene vigencia esta libertad. No debe uno tratar de granjearse los favores de los hombres. Cuando alguien desarrolla en sí la pureza y el vigor necesarios para ser centro de la unión, los hombres que le están predestinados llegan por sí mismos.

Al tope un seis significa:
No encuentra cabeza para la solidaridad. Desventura.

La cabeza es el comienzo. Sin un adecuado comienzo no llega un adecuado fin. Cuando se ha perdido la ocasión de unirse, de asociarse, y se sigue vacilando, por miedo a una entrega plena y verdadera, demasiado tarde se arrepentirá uno de su error.

(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9

9. Hsiao Ch’u / La Fuerza Domesticadora de lo Pequeño

小畜

en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:


El signo representa lo pequeño, la fuerza de lo sombrío, que retiene, amansa, refrena. En el cuarto puesto, el del ministro, hay, un trazo débil que mantiene sujetos a todos los restantes trazos que son fuertes. Visto desde el ángulo de la imagen simbólica, es el viento que sopla en lo alto del cielo. Refrena el aliento ascendente de Lo Creativo, las nubes, a fin de que se condensen. Pero no es lo suficientemente fuerte como para provocar acto seguido su precipitación. El signo da una constelación en la cual, pasajeramente, lo fuerte se ve dominado, refrenado por lo débil. Esto, si ha de verse acompañado por el éxito, sólo puede lograrse mediante la suavidad.

EL DICTAMEN

La Fuerza Domesticadora de lo Pequeño tiene éxito.
Densas nubes, ninguna lluvia de nuestra región del Oeste.

La parábola procede de las condiciones reinantes en la China durante la época del rey Wen. ÉL era oriundo de Occidente, pero en esa época se encontraba en la región oriental, en la corte del Gran Soberano, el rey tirano Chou Hsin. El momento para actuar en grande aún no había llegado. Tan sólo podía refrenar al tirano en cierta medida valiéndose de palabras amables. De ahí la imagen de abundantes nubes que se levantan prometiendo al país humedad y, bendición, pero sin que por el momento se precipite lluvia alguna. La situación Río es desfavorable. Hay, perspectivas de éxito final. Pero todavía quedan obstáculos en el camino. Sólo es posible realizar trabajos preparatorios. Así únicamente mediante los pequeños recursos que brindan las palabras de persuasión, amables, puede obtenerse algún efecto. La época de la acción penetrante en gran medida aún no ha llegado. Sin embargo, se consigue por lo menos ejercer, en una medida limitada, una acción refrenadora, amansadora. Al proceder de este modo y para lograr uno imponer su voluntad, hace falta una firme decisión en lo interior y una suave adaptación en lo exterior.

LA IMAGEN

El viento recorre el cielo:
la imagen de la Fuerza Domesticadora de lo Pequeño.
Así el noble va refinando la forma exterior de su naturaleza.

El viento, si bien va juntando las nubes en el cielo, como solo es aire y, no posee un cuerpo sólido, no produce efectos grandes, duraderos. Así también al hombre, en épocas que no permiten una gran acción hacia afuera, sólo le queda la posibilidad de refinar en lo pequeño las manifestaciones de su naturaleza.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un nueve significa:
Retorno al camino. ¡Cómo podría ser una falla! ¡Ventura!

Forma parte de la característica de lo fuerte arremeter hacia adelante. Pero con ello lo fuerte entra en el terreno de los refrenamientos, de la inhibición. Por eso retorna hacia el camino que corresponde a su situación y donde se siente libre para avanzar o retroceder. Es bueno y razonable no pretender obtener algo a la fuerza, violentamente; esto, conforme a la naturaleza del asunto, trae ventura.

Nueve en el segundo puesto significa:
Se deja arrastrar hacia el retorno. ¡Ventura!

De primer intento uno quisiera avanzar. Pero aún antes de progresar se observa, en el ejemplo que da otra gente de índole igual a la de uno, que ese camino se halla obstaculizado. Un hombre sensato, decidido, no se expondrá en un case semejante a un rechazo personal, sino que,'unto con los otros de igual condición y actitud, sabrá retirarse cuando no sea el momento para que la ambición avance. Esto trae ventura porque de esta manera no se pone en juego a sí mismo.

Nueve en el tercer puesto significa:
Al carruaje se le saltan los rayos.
El hombre y la mujer tuercen los ojos.

Aquí se hace la tentativa de avanzar violentamente, debido a que uno tiene conciencia de que el poder refrenador es bastante débil. Mas, puesto que conforme a las circunstancias dadas,.lo débil de hecho está en posesión del poder, semejante intento de avanzar por sorpresa necesariamente se malogra. Circunstancias exteriores impiden el progresar, así como un carro no puede avanzar si se le saltan los rayos de las ruedas. Uno no hace caso, todavía, de esa señal del destino. Surgen por lo tanto enojosas controversias como entre dos cónyuges. Esto, por cierto, no es una situación favorable: pues aun cuando debido a las condiciones dadas la parte más débil logre el dominio, la cosa se complica con demasiadas dificultades corno para que el efecto pueda resultar grato. En consecuencia, lo fuerte tampoco puede utilizar su fuerza ejerciendo un influjo correcto sobre lo que lo rodea. Ha experimentado un rechazo allí donde esperaba tina fácil victoria, y con ello se ha comprometido, en cierta medida.

Seis en el cuarto puesto significa:
Si eres veraz desaparece la sangre y retrocede la angustia.
Ninguna falla.

Ocupando uno un cargo difícil y pleno de responsabilidad deberá domesticar al poderoso a quien asiste como guía, de tal manera que termine por hacerse lo que corresponde. En ello reside un gran peligro que hace que hasta pueda temerse un derramamiento de sangre. Pero el poder de una abnegada veracidad es más grande que todos estos obstáculos; es tal la impresión que causa que uno lleva a cabo con éxito sus esfuerzos, con lo que se desvanece todo peligro de derramamiento de sangre y toda angustia.

Nueve en el quinto puesto significa:
Si eres veraz y leal en la alianza,
eres rico en tu prójimo.

La lealtad conduce a una fume alianza porque se basa en una complementación mutua. En el integrante más débil de la situación la lealtad es la entrega; en el más fuerte, la confiabilidad. Esta complementación mutua conduce a una verdadera riqueza que se manifiesta plenamente en el hecho de que uno no la guarde para sí, sino que la posea en común con su prójimo. Alegría compartida es doble alegría.

Al tope un nueve significa:
Llega la lluvia, llega el sosiego.
Esto se debe a la permanente acción del carácter.
La mujer cae en peligro debido a su perseverancia.
La luna está casi llena. Si el noble prosigue, llegará la desventura.

Se ha obtenido el éxito. El viento ha juntado la lluvia. Se ha alcanzado una firme posición. Esto se ha llevado a cabo mediante una paulatina acumulación de pequeños efectos que resultan de la veneración brindada a un carácter superior. Sin embargo, un éxito logrado así pieza por pieza requiere una gran cautela. Si uno se abandonara ahora a la ilusión de seguridad, basada en ese éxito, sería peligroso. Lo femenino, lo débil que ha alcanzado la victoria no debe jamás apoyarse tenazmente en el triunfo. Esto atraería el peligro. La fuerza sombría de la luna llega a su máximo al hallarse casi llena. Cuando como luna llena se opone directamente al sol, su mengua es inevitable. En tales circunstancias es necesario conformarse con lo alcanzado. Seguir avanzando antes de llegar el momento debido, traería desventura.

(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9

10. Lü / El Porte

履

en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:

El Porte representa, por una parte, el modo correcto de conducirse. Arriba se halla el Cielo, el padre; abajo el lago, la menor de las hijas. Esto muestra la diferencia entre alto y bajo, una distinción que constituye el fundamento de la compostura, la tranquilidad, el comportamiento correcto en la sociedad. Lü, en el sentido de pisada, significa literalmente: pisar sobre algo. Lo sereno, que es pequeño, pisa sobre lo fuerte que es grande. El movimiento de ambos signos primarios o trigramas se dirige hacia arriba. El que lo fuerte pise lo débil es algo obvio y no encuentra mención especial en el Libro de las Mutaciones. El pisar por parte de lo débil, su porte frente a lo fuerte, no resulta con todo peligroso, pues ocurre con alegre serenidad, sin arrogancia; de este modo lo fuerte no se irrita sino que más bien lo deja hacer, con benevolencia.

EL DICTAMEN

Pisar la cola del tigre.
Este no muerde al hombre. Éxito.

La situación es en verdad difícil. Lo más fuerte y lo más débil se encuentran en contacto directo. Lo débil le pisa los talones a lo fuerte y se entretiene provocándolo. Pero lo fuerte lo deja hacer y no le hace daño alguno, pues el contacto es alegre y nada hiriente. La situación humana es esta: uno tiene que habérselas con personas salvajes, inabordables. En este caso el objetivo deseado se alcanza si en su porte, en su conducta, se atiene uno a las buenas costumbres. Las formas de conductas buenas y gratas conquistan el éxito aun en el caso de enfrentarse con gente irritable.

LA IMAGEN

Arriba el Cielo, abajo el lago: la imagen del Porte.
Así distingue el noble entre alto y bajo
y afirma con ello el sentido del pueblo.

El cielo y el lago revelan una diferencia de altura que se ha producido por sí misma conforme a la naturaleza de ambos; por lo tanto ninguna forma de envidia enturbia esta relación. Así también en el seno de la humanidad tiene que haber diferencias de nivel. Es imposible lograr que la igualdad general sea una realidad. De lo que se trata es que las diferencias de rango en la sociedad humana no sean arbitrarias e injustas, pues de otro modo la envidia y la lucha de clases será consecuencia inevitable. Si, en cambio, las diferencias de rango externas responden a una justificación interior, y si la dignidad interior forma la pauta para el rango externo, reinará la calma entre los hombres y la sociedad logrará el orden.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un nueve significa:
Porte sencillo. Progreso sin defecto.

Se encuentra uno en una situación en la cual todavía no lo comprometen los deberes del trato. Si se comporta con sencillez, permanecerá libre de compromisos sociales y podrá dedicarse con toda tranquilidad a las inclinaciones de su corazón, puesto que nada exigirá de los hombres y se mostrará contento. Pisar significa no detenerse, sino más bien seguir la marcha. Uno se encuentra en una posición inicial muy insignificante, pero posee la fortaleza interior que garantiza el progreso. Si se conforma con lo sencillo, podrá progresar sin defecto alguno. Cuando alguien no encuentra sosiego a raíz de su condición modesta, pretenderá avanzar y será ambicioso e inquieto; con su comportamiento se empeñará en escapar de su condición inferior, de la pobreza, y no en razón de su deseo de realizar algo. Una vez alcanzada la meta, se volverá con seguridad soberbio y hará ostentación de su prosperidad. De ahí que su progreso adolecerá de defectos. El hombre capaz e inteligente, en cambio, se mostrará contento en su porte sencillo. Sólo desea progresar con el fin de realizar algo. Si de este modo llega a la meta, logrará realizar su obra y todo marchará debidamente.

Nueve en el segundo puesto significa:
Pisar en llana y sencilla vía.
La perseverancia de un hombre oscuro trae ventura.

Se alude aquí a la situación de un sabio solitario. Este se mantiene apartado del bullicio mundanal, no busca nada, no quiere nada de nadie, no se deja encandilar por objetivos seductores. Permanece leal a sí mismo, y así atraviesa la vida recorriendo un camino llano y sin que nadie lo moleste. Como es sobrio y dócil y no desafía al destino, permanece libre de complicaciones.

Seis en el tercer puesto significa:
Un tuerto puede ver, un tullido puede pisar.
Pisa la cola del tigre. Este muerde al hombre. ¡Desventura!
Un guerrero actúa así en bien de su gran príncipe.

Un tuerto ciertamente puede ver, pero su vista no le alcanza para obtener una visión clara. Un tullido ciertamente puede pisar, pero ello no le alcanza para avanzar. Cuando alguien afectado de tales debilidades se tiene no obstante por fuerte, y en consecuencia avanza hacia el peligro, atraerá sobre sí la desgracia, puesto que se embarcará en una empresa que va más allá de sus fuerzas. Esta manera intrépida de embestir sin tener cuenta las propias fuerzas, puede a lo sumo aceptarse cuando se trata de un guerrero que lucha por su gran príncipe.

Nueve en el cuarto puesto significa:
El pisa la cola del tigre.
Cautela y circunspección conducen finalmente a la ventura.

Se trata de una empresa riesgosa. Existe la fuerza interior necesaria para llevarla a cabo. Pero esta fuerza interior se combina hacia afuera con una cautela vacilante, a diferencia del trazo anterior que siendo interiormente débil, arremete sin embargo hacia el exterior. Así, en este caso, queda asegurado el éxito final, que consiste en el hecho de imponer uno su voluntad, vale decir de superar el peligro mediante el recurso de seguir avanzando.

Nueve en el quinto puesto significa:
Porte decidido.
Perseverancia, con conciencia del peligro.

Se trata del regente de todo el signo. Se ve uno forzado a adoptar un porte resuelto, a pisar con decisión. Pero al proceder así debe tenerse siempre presente el peligro que implica semejante porte decidido, sobre todo si uno persevera en ello. Únicamente la conciencia del peligro hace posible el éxito.

Al tope un nueve significa:
Contempla tu porte y examina las señales favorables.
Si todo es perfecto, advendrá una elevada ventura.

La obra llegó a su término. Si se quiere saber si tendrá consecuencias venturosas, contémplense retrospectivamente el propio comportamiento y las consecuencias que ha tenido. Si los efectos fueron buenos, la ventura queda asegurada. Nadie se conoce a sí mismo.
Sólo por las consecuencias de su actuación, por los frutos de las obras, podrá apreciarse cuánto es dable esperar.

(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9

11. T’ai / La Paz

泰

en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:


Lo Receptivo, cuyo movimiento se dirige hacia abajo, está arriba; Lo Creativo, cuyo movimiento se dirige hacia arriba, se sitúa abajo. Por lo tanto sus influjos se encuentran uno a otro, se relacionan armoniosamente, y así todos los seres florecen y prosperan. El signo se adjudica al primer mes (febrero-marzo), durante el cual las fuerzas de la naturaleza preparan una nueva primavera.

EL DICTAMEN

La paz. Lo pequeño se va, llega lo grande.
¡Ventura! ¡Éxito!

En la naturaleza, este signo alude a una época en la cual, por así decirlo, reina el cielo sobre la tierra. El Cielo se ha colocado por debajo de la Tierra. Así sus fuerzas se unen en íntima armonía. De ello emana paz y bendición para todos los seres. En el mundo humano se trata de una época de concordia social. Los encumbrados condescienden con los de abajo. Y los de abajo, los inferiores, abrigan sentimientos amistosos para con los elevados, y así llega a su término toda contienda.
En lo interior, en el centro, en el puesto decisivo, se halla lo luminoso; lo oscuro está afuera. Así lo luminoso actúa con vigor y lo oscuro se muestra transigente. De este modo ambas partes obtienen lo que les corresponde. Cuando, en la sociedad, los buenos ocupan una posición central y tienen el gobierno en sus manos, también los malos experimentan su influjo y se vuelven mejores. Cuando, dentro del hombre, reina el espíritu que procede del cielo, su influjo abarca también a la sensualidad y ésta obtiene así el sitio que le corresponde. Las líneas individuales ingresan en el signo desde abajo, y arriba vuelven a abandonarlo: de este modo los pequeños, los débiles, los malos están yéndose, y ascienden los grandes, los fuertes, los buenos. Este hecho es fuente de ventura y éxito.

LA IMAGEN

Cielo y Tierra se unen: la imagen de La Paz.
Así reparte y completa el soberano
el curso de cielo y tierra,
fomenta y ordena los dones de cielo y tierra,
con lo cual asiste al pueblo.

Cielo y tierra cultivan su trato y unen sus efectos. Esto da por resultado una época general de florecimiento y prosperidad. Semejante corriente de energía ha de ser regulada por el soberano de los hombres. Este lo lleva a cabo mediante la distribución. Así el tiempo indiferenciado, de acuerdo con la secuencia de sus fenómenos, es subdivido por el hombre en estaciones del año y , en virtud de definiciones humanas, el espacio que todo lo abarca aparece diferenciado por puntos cardinales. De esta manera la naturaleza, con su avasalladora plenitud de fenómenos, se ve limitada y controlada. Por el otro lado, es necesario estimular a la naturaleza en lo que produce. Esto sucede cuando se adapta su producción a la época que le corresponde y al lugar correcto, pues con ello se incrementa el rendimiento natural. Tal actividad de estímulo y sujeción de la naturaleza constituye una labor que redunda en beneficio del hombre.*

* La misma idea se encuentra expresada en estos versos de Goethe:
Para encontrarte en lo infinito
has de diferenciar para luego juntar.


LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un nueve significa:
Cuando se arranca faláridas, sale adherida la hierba del césped.
Cada cual a su manera. Las empresas traen ventura.

En épocas de florecimiento todo hombre capaz que es llamado a desempañar un puesto, arrastra consigo, inmediatamente, a otros de igual disposición, así como cuando uno arranca finas faláridas, las extrae junto con un manojo de briznas o tallos unidos entre sí por las raíces. En semejantes épocas, al presentarse la oportunidad de actuar en gran escala, el designio del hombre capacitado es abrirse camino en la vida y realizar algo.

Nueve en el segundo puesto significa:
Soportar a los incultos con benevolencia,
atravesar el río resueltamente,
no descuidar lo lejano,
no tomar en consideración a los compañeros:
así tal vez se logre andar por el camino del medio.

En tiempos de florecimiento es importante, antes que nada, poseer la grandeza interior necesaria para soportar a la gente imperfecta. Pues para un gran maestro no existe ningún material estéril. No hay nada que no le sirva para algo. Sin embrago, esta magnanimidad no implica, en modo alguno, negligencia o debilidad. Precisamente en épocas de florecimiento debe uno hallarse dispuesto para atreverse a afrontar aun empresas peligrosas como el cruce de un río, en caso necesario. Del mismo modo es cuestión de no descuidar lo lejano, sino de ocuparse más bien, escrupulosamente, de todos los detalles. Sobre todo debe uno cuidarse de caer en partidismos, o bajo el dominio de facciones. Pues aun cuando se destaquen el mismo tiempo quienes profesen las mismas ideas, no deben formar un partido basado en esa mutua solidaridad; antes bien cada uno ha de cumplir con su propio deber. Estos cuatro factores sirven para superar el peligro subrepticio del paulatino relajamiento que acecha en todo período de paz, y de este modo se conquistará el justo camino medio para actuar.

Nueve en el tercer puesto significa:
Ningún llano al que no siga un declive,
ninguna ida a la que no siga el retorno.
Sin defecto es quien se mantiene perseverante frente al peligro.
No te lamentes de ésta verdad,
disfruta la dicha que todavía posees.

Todo lo terrenal está sujeto al cambio. Al florecimiento le sigue la decadencia. He aquí la ley eterna que rige sobre la tierra. Si bien puede hacerse que lo malo retroceda, no es posible eliminarlo en forma duradera. Volverá. Esta convicción podría provocar melancolía, pero es necesario que esto no suceda. Sólo ha de servir a fin de que uno no se deje encandilar por la dicha. Teniendo presente el peligro, uno perseverará y no cometerá ninguna falta. Mientras la esencia interior del hombre se mantenga más fuerte y más plena que la dicha externa, mientras interiormente mantengamos nuestra superioridad frente al destino, la dicha seguirá siéndonos fiel.

Seis en el cuarto puesto significa:
El desciende aleteando, sin jactarse de su riqueza,
en unión con su prójimo, sin malicia y veraz.

En épocas de mutua confianza, los de elevada posición, con toda sencillez y sin hacer caso de sus riquezas, se juntan con los de abajo. Esto no sucede por imposición de las circunstancias, sino correspondiendo a una disposición íntimamente sentida. En tales casos la aproximación se da con toda espontaneidad, puesto que se basa en una profunda convicción interior.

Seis en el quinto puesto significa:
El soberano I concede su hija en matrimonio.
Esto trae bendición y elevada ventura.

El soberano I es Tang *, el consumador y perfeccionador. Él había determinado que las princesas imperiales, a pesar de ocupar un rango más elevado que los esposos a quienes se daban en matrimonio, debían obedecer a sus esposos como lo hacían otras esposas. También en este caso se alude a una unión realmente modesta entre alto y bajo, destinada a aportar felicidad y bendición.

Al tope un seis significa:
La muralla se desploma de vuelta al foso.
Ahora no emplees ejércitos.
En la propia ciudad proclama tus órdenes.
La perseverancia trae humillación.

El cambio, al que ya se alude en el centro del signo, se ha producido. La muralla de la ciudad vuelve a caer en el foso del cual había sido extraída. Se desencadena el desastre. En este caso es cuestión de someterse al destino, de no pretender detenerlo con una resistencia violenta.
Lo único que queda por hacer es resguardarse, en el seno del círculo más estrecho. Si, como es usual, pretendiera uno perseverar en una tenaz resistencia al mal, el derrumbe sería peor aún y su consecuencia sería la humillación.

(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9