dilluns, 29 de juliol del 2013

2. K'un / Lo Receptivo


en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:


Todas las líneas que componen el signo son trazos partidos. La línea partida corresponde al principio primario umbrío, blando, receptivo del Yin. La cualidad intrínseca del signo es la entrega ferviente, su imagen es la tierra. Es la perfecta pieza complementaria de lo Creativo, su contraparte, no lo opuesto; una complementación y no una hostilización. Es la naturaleza frente al espíritu, la tierra frente al cielo, lo espacial frente a lo temporal, lo femenino maternal frente a lo masculino paternal. Empero, el fundamento de esta contraparte, aplicado a circunstancias humanas, se encuentra no sólo en las relaciones entre el hombre y la mujer, sino también entre el príncipe y el ministro o el padre y el hijo: más aún, hasta en los individuos se halla esta dualidad en la coexistencia de lo espiritual con lo sensual.
No obstante, no puede hablarse de un verdadero dualismo, pues entre ambos signos subsiste la relación de una clara jerarquía. Desde luego, lo Receptivo en sí mismo es tan importante como lo Creativo. Pero merced a la cualidad de la entrega ferviente queda señalada la posición de esta fuerza primaria frente a lo creativo: debe quedar bajo la guía de lo creativo, recibiendo su estímulo, y así su efecto será venturoso. Únicamente cuando esta fuerza sale de su posición y pretende colocarse junto a lo creativo en igualdad de condiciones, se torna maligna. Surge en este caso el antagonismo y la lucha contra lo Creativo, de consecuencias desventuradas para ambas partes.

EL DICTAMEN

Lo receptivo obra elevado éxito,
propiciante por la perseverancia de una yegua.
Cuando el noble ha de emprender algo y quiere avanzar,
se extravía; mas si va en seguimiento encuentra conducción.
Es propicio encontrar amigos al Oeste y al Sur,
Evitar los amigos al Este y al Norte.
Una tranquila perseverancia trae ventura.

Las cuatro direcciones fundamentales de lo Creativo: «Elevado éxito propiciante por la perseverancia », se encuentran también corno calificación de lo Receptivo. Sólo que la perseverancia se define aquí con mayor precisión como perseverancia de una yegua. Lo Receptivo designa la realidad espacial frente a la posibilidad espiritual de lo creativo. Cuando lo posible se vuelve real y lo espiritual se torna espacial, se trata de un acontecimiento que se produce siempre merced a un designio individual restrictivo. Esto queda indicado por el hecho de que aquí a la expresión «perseverancia» se le añade la definición más concreta «de una yegua». El caballo le corresponde a la tierra así coma el dragón al cielo: en virtud de su infatigable movimiento a través de la planicie simboliza la vasta espacialidad de la tierra. Se elige la expresión «yegua» porque en la yegua se combinan la fuerza y velocidad del caballo con la suavidad y docilidad de la vaca.
Únicamente porque está a la altura de lo que es esencial en lo Creativo puede la naturaleza realizar aquello a lo cual lo Creativo la incita. Su riqueza consiste en el hecho de alimentar a todos los seres y su grandeza en el hecho de otorgar belleza y magnificencia a todas las cosas. Da así origen a la prosperidad de todo lo viviente. Mientras que lo Creativo engendra las cosas, éstas son paridas por lo Receptivo. (1)
Traducido a circunstancias humanas, se trata de conducirse de acuerdo con la situación dada. Uno no se encuentra en posición independiente, sino que cumple las funciones auxiliares. Entonces es cuestión de rendir algo. No de tratar de conducir pues así uno sólo se extraviaría sino de dejarse conducir: en eso consiste la tarea. Si uno sabe adoptar frente al destino una actitud de entrega, encontrará con seguridad la conducción que le corresponde. El noble se deja guiar. No avanza ciegamente, sino que deduce de las circunstancias qué es lo que se espera de él, y obedece este señalamiento del destino.
Puesto que uno debe rendir algo, le hacen falta ayudantes y amigos a la hora de la labor y del esfuerzo, una vez firmemente definidas las ideas que deben convertirse en realidad. Esa época del trabajo y del esfuerzo se expresa con la mención del Oeste y del Sur. Pues el Sur y el Oeste constituyen el símbolo del sitio donde lo Receptivo trabaja para lo Creativo, como lo hace la naturaleza en el verano y en el otoño; si en ese momento no, junta uno todas sus fuerzas, no llevará a término la labor que debe realizar. Por eso, obtener amistades significa, en este caso precisamente, encontrar el rendimiento. Pero aparte del trabajo y del esfuerzo, también existe una época de planificación y ordenamiento; ésta requiere soledad. El Este simboliza el sitio donde uno recibe los mandatos de su señor y el Norte el sitio donde se rinde cuentas sobre lo realizado. Ahí es cuestión de permanecer solo y de ser objetivo. En esa hora sagrada es necesario privarse de los compañeros a fin de que los odios v favores de las partes no enturbien la pureza.

(1) «Hay aquí una concepción parecida a la que expresa Goethe en los versos:
Contemplad pues con humilde mirada
la pieza maestra de la eterna tejedora:
como anima mil hebras una sola pisada,
las lanzaderas disparan a un lado y a otro
y las hebras fluyen encontrándose
y un solo golpe sella mil uniones;
esto no lo reunió ella mendigando,
lo ha ido maquinando desde la eternidad
a fin de que el externo gran maestro
pueda tranquilo urdir la trama. »

LA IMAGEN

El estado de la Tierra es la receptiva entrega.
Así el noble, de naturaleza amplia, sostiene al mundo externo.

Así como existe un solo Cielo, también existe una sola Tierra. Pero mientras que en el caso del cielo la duplicación del signo significa duración temporal, en el caso de la tierra equivale a la extensión espacial y a la firmeza con que ésta sostiene y mantiene todo lo que vive y actúa. Sin exclusiones, la tierra, en su ferviente entrega, sostiene el bien y el mal. Así el noble cultiva su carácter haciéndolo amplio, sólido y capaz de dar sostén de modo que pueda portar y soportar a los hombres y las cosas.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un seis significa:
Cuando se pisa escarcha, se aproxima el hielo firme.
Así como la energía luminosa representa la vida, la fuerza sombría representa la muerte. En el otoño, cuando se precipito la temprana escarcha, sólo comienza a desplegarse la fuerza de la oscuridad y del frío. Luego de los primeros indicios y conforme a leyes fijas, las manifestaciones de la muerte se irán multiplicando paulatinamente hasta que al fin se presente el rígido invierno con su hielo. Exactamente lo mismo sucede en la vida. Cuando aparecen ciertas señales apenas perceptibles de decadencia, la cosa continuará hasta que finalmente se produzca el ocaso. Pero en la vida pueden tomarse precauciones si se tienen en cuenta las señales de la decadencia y se las encara a tiempo.

Seis en el segundo puesto significa:
Rectilíneo, rectangular, grande.
Sin propósito, y sin embargo nada queda que no se vea fomentado.
El Cielo tiene por símbolo el círculo, la Tierra el cuadrado rectangular. Por lo tanto lo rectangular es una propiedad primaria de la tierra. En cambio, el movimiento rectilíneo es primariamente una propiedad de lo Creativo, al igual que el grandor. Todas las cosas rectangulares, empero, tienen su raíz en la línea recta y forman a su vez magnitudes cúbicas. Cuando en las matemáticas se discriminan líneas, planos v cuerpos, de las líneas rectas resultan superficies rectangulares v de las superficies rectangulares magnitudes cúbicas. Lo Receptivo se orienta conforme a las cualidades de lo Creativo y las hace suyas. Así una recta se convierte en un cuadrado y un cuadrado en un cubo. Es ésta la simple entrega a las leyes de lo creativo, sin agregarles ni quitarles nada. De ahí que lo Receptivo no requiera ningún propósito ni esfuerzo en particular, y todo se endereza. La naturaleza engendra a los seres sin falsedad, he ahí su derechura: es tranquila y silenciosa, he ahí su rectangularidad: no se niega a tolerar a ninguno de los seres, he ahí su grandeza.
Por eso, sin maquinación externa ni propósitos particulares ella alcanza lo justo para todos. Para el hombre es señal de suprema sabiduría lograr que sus actos sean tan obvios como los de la naturaleza.

Seis en el tercer puesto significa:
Líneas ocultas; se es capaz de permanecer perseverante.
Si acaso sigues al servicio de un rey,
¡no busques obras, sino llévalas a cabo!
Si uno está libre de vanidad, podrá ocultar sus excelencias de modo que no atraigan antes de tiempo la atención pública. Así podrá madurar en silencio. Cuando las circunstancias lo requieran también podrá destacarse en la vida pública. Él no busca hechos consumados que se le acrediten como méritos; antes bien espera establecer causas activas, vale decir que da cumplimiento a sus obras de tal modo que resulten fructíferas para lo porvenir.

Seis en el cuarto puesto significa:
Bolsa atada. Ninguna tacha; ningún elogio.
Lo sombrío se abre al moverse y se cierra cuando reposa. Aquí se señala la más rigurosa reserva. La época es peligrosa: toda ostentación conduciría o bien a la hostilidad de adversarios sumamente poderosos si uno se propusiera luchar contra ellos, o bien a un reconocimiento mal entendido si uno se mostrara negligente. Así pues, es cuestión de enclaustrarse, ya sea en la soledad, ya sea en el torbellino mundanal; porque también allí puede uno ocultarse perfectamente de modo que nadie lo reconozca.

Seis en el quinto puesto significa:
Ropa interior amarilla trae elevada ventura.
El amarillo es el color de la tierra y del centro, el símbolo de lo confiable y de lo auténtico. La ropa interior tiene adornos que no llaman la atención: un símbolo de distinguida reserva. Cuando alguien está llamado a actuar en una posición destacada más no independiente, el éxito verdadero dependerá de una máxima discreción. La autenticidad y finura no deben destacarse directamente, si no manifestarse tan sólo mediatamente como efecto que surge desde adentro.

Al tope un seis significa:
Dragones luchan en la pradera.
Su sangre es negra y amarilla.
En el puesto más alto lo sombrío debería retroceder ante lo luminoso. Si pretende afirmarse en este puesto, que no le cuadra, y en vez de servir pretende dominar, atrae sobre sí la ira de lo fuerte. Se produce la lucha en la cual cae derribado, pero en esa lucha se perjudican sin embargo ambas partes.
El dragón, símbolo del cielo, acude y combate al falso dragón cuya imagen ha adoptado lo terreno en esta subida. El negro azulado es el color del cielo, el amarillo es el color de la tierra. Cuando se derrama, pues, sangre negra y amarilla, es señal de que debido a esta lucha, que no es natural, ambas fuerzas fundamentales sufren daño. (2)

(2) Mientras que la línea superior de lo Creativo muestra la soberbia de los titanes y forma un paralelo con el mito griego de ICARO, se ve en la línea superior de lo Receptivo un paralelo con el mito de LUCIFER, quien se rebela contra la suprema divinidad; o bien un paralelo con la lucha de los poderes de las tinieblas contra los dioses del Walhalla que concluye con el ocaso de los dioses.

Cuando aparecen puros seis, significa:
Es propicia una constante perseverancia.
Cuando se presentan sólo seis, el signo de lo Receptivo se transforma en el signo de lo Creativo. Adquiere así la fuerza de la duración en el mantenimiento de lo recto. Si bien no hay, ningún progreso en ello, tampoco hay, retroceso alguno.


(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9

3. Chun / La Dificultad Inicial



en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:



El nombre del signo, Chun, representa en verdad una brizna de hierba que, al brotar de la tierra, se topa con un obstáculo. De ello resulta el significado de dificultad inicial. El signo señala cómo Cielo y Tierra producen los seres individuales. Es el primer encuentro entre ambos y se ve afectado por dificultades. El trigrama de abajo, Chen, es Lo Suscitativo, lo excitativo; su movimiento se dirige hacia arriba; tiene por imagen al trueno. El trigrama de arriba, K’an, es Lo Abismal, lo peligroso; su movimiento se dirige hacia abajo; tiene por imagen la lluvia. La situación indica, pues, una densa, caótica plenitud. Trueno y lluvia ocupan el aire. Pero el caos va aclarándose. El movimiento, que va hacia arriba, mientras lo abismal desciende, encuentra finalmente una salida del peligro. La tensión de las fuerzas se descarga en tormenta y todas las cosas respiran con alivio.

EL DICTAMEN

La Dificulta Inicial obra elevado éxito.
Propicio en virtud de la perseverancia.
No debe emprenderse nada.
Es propicio designar ayudantes.

En los períodos de formación suele haber dificultades. Es como si se tratase de un parto primerizo. Tales dificultades, empero, surgen de la plenitud de aquello que se debate por lograr su forma. Todo se halla en movimiento y por eso, a pesar del peligro existente, hay perspectivas de éxito grande siempre que se persevere en procura del mismo. Cuando semejantes épocas iniciales aparecen como destino, todo se encuentra todavía informe y oscuro. Por lo tanto es preciso aguardar, pues todo intento prematuro de echar mano podría acarrear el fracaso. Es asimismo de suma importancia no permanecer solo. Hace falta disponer de ayudantes para poder dominar el caos mediante un esfuerzo mancomunado con ellos. Sin embargo, esto no quiere decir que uno mismo ha de quedarse contemplando inactivo los sucesos; más bien es necesaria la propia intervención, estando uno presente en todo y contribuyendo con su estímulo y conducción.

LA IMAGEN

Nubes y trueno: la imagen de La Dificultad Inicial.
Así el noble actúa desenmarañando y ordenando.

Las nubes y el trueno se representan mediante ciertas ornamentaciones lineales, vale decir que dentro del caos de La Dificultad Inicial ya están dados los gérmenes del orden. Así, en tales épocas iniciales, el noble debe estructurar y ordenar la inabarcable y confusa plenitud, tal como van devanándose las hebras de una madeja de seda y uniéndose en hilos. Para encontrarse en lo infinito es menester discriminar y unir.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un nueve significa:
Vacilación y traba.
Es propicio permanecer perseverante.
Es propicio designar ayudantes.
Si en los comienzos de una empresa tropieza uno con trabas, no debe tratar de forzar el progreso; más bien será necesario detenerse, por precaución. Sin embargo, no debe uno permitir que lo confundan: es preciso no perder de vista la meta de un modo perseverante, duradero. Tendrá importancia que uno se procure adecuados medios auxiliares o asistentes. Éstos se encuentran únicamente cuando uno se muestra ante los hombres y en el trato con ellos modesto, carente de presunción. Sólo así se obtendrá la adhesión de aquellos con cuya ayuda podrá hacerse frente a las dificultades.

Seis en el segundo puesto significa:
Se apilan dificultades. Caballo y carro se separan.
El no es un raptor,
va a cortejar en el debido plazo.
La doncella es casta, no se promete.
Diez años, luego promete.
Se halla uno trabado y en dificultades. Y entonces, de pronto, se produce un cambio: es como si arribara alguien con carruaje y caballos y desenganchara. Este suceso ocurre tan sorpresivamente que suscita la sospecha de que el hombre que se acerca ha de ser un bandido. Poco a poco uno comprueba que el otro no abriga malas intenciones, sino que viene en procura de una alianza amistosa y ofreciendo alivio. Sin embargo, ese ofrecimiento no es aceptado, puesto que no procede de donde debe proceder; parece preferible esperar hasta que se cumpla el plazo: diez años representan un período redondo, un plazo cumplido. Entonces retornan por sí mismas las condiciones normales y es dable reunirse con ese amigo que a uno le está destinado. Bajo el símbolo de una novia que en medio de graves conflictos permanece fiel a su amado, se brinda un consejo para esta peculiar situación de la vida: Cuando en épocas de dificultad, encontrándose uno trabado, impedido, recibe inesperadamente un ofrecimiento de alivio de parte de alguien con quien no mantiene relaciones, ha de proceder con cautela, tratando de no entrar en eventuales compromisos como consecuencia de tal ayuda, pues de no proceder así se vería uno disminuido en su libertad de decisión. Si uno aguarda a que llegue el momento adecuado, retornarán las circunstancias tranquilas y se alcanzará lo que se espera.*

*Otra interpretación puede resultar de la traducción siguiente, igualmente posible:
Dificultades se apilan. 
Caballo y carro viran. 
Si no estuviese el raptor, 
el pretendiente por cierto vendría. 
La doncella es fiel, no se promete. 
Diez años, luego se promete.

Seis en el tercer puesto significa:
El que caza al ciervo sin guardamonte,
lo único que logra es extraviarse en el bosque.
El noble capta los signos del tiempo
y prefiere desistir.
Continuar acarrea humillación.
Si uno no dispone de un guía y pretende cazar en un bosque desconocido, se extravía. No se debe pretender escapar a hurtadillas, irreflexivamente y sin guía, de las dificultades en que uno se ve envuelto. El destino no se deja engañar. Afanarse prematuramente y con precipitación, y careciendo de la necesaria conducción, acarrea fracasos y vergüenza. Por eso el noble que reconoce los gérmenes de lo venidero, preferirá renunciar a un deseo, a atraer sobre sí el fracaso y la humillación si tratara de lograr a la fuerza el cumplimiento de ese deseo.

Seis en el cuarto puesto significa:
Caballo y carro se separan.
¡Busca la unión!
Acudir trae ventura.
Todo obra de un modo propicio.
Se encuentra uno en una situación en la cual se impone el deber de actuar y sin embargo las fuerzas no son suficientes para ello. Se presenta, empero, la oportunidad de encontrar compañía. Es cuestión, pues, de echarle mano. Es necesario no dejarse trabar por un falso orgullo. Será una señal de claridad interior si uno vence su amor propio y da el primer paso, aun cuando eso requiera cierta abnegación. Cuando alguien se ve en una situación difícil no es vergüenza aceptar ayuda, y si uno realmente encuentra al ayudante adecuado todo irá bien.

Nueve en el quinto puesto significa:
Dificultades en bendecir.
Pequeña perseverancia trae ventura.
Gran perseverancia trae desventura.
La situación en que uno se encuentra no da posibilidad alguna de evidenciar las buenas intenciones como para que realmente se manifiesten y sean comprendidas. Hay quienes se entrometen y deforman todo lo que uno hace. En un caso así es preciso ser cauteloso y proceder paso a paso. No es posible pretender imponer a la fuerza una obra grandiosa, pues tal cosa sólo se, logra cuando ya se goza de una confianza unánime. Sólo en silencio, mediante una labor fiel y escrupulosa, puede actuarse paulatinamente, en el sentido de lograr que se esclarezcan las circunstancias y se anulen las trabas.

Al tope un seis significa:
Caballo y carro se separan.
Lágrimas de sangre se derraman.
Hay personas a quienes las dificultades iniciales se les tornan graves en exceso. Ellos se atascan y ya no encuentran salida alguna. Se quedan con los brazos caídos y abandonan la lucha. Semejante resignación es de lo más triste que pueda darse. Por eso, Kung Tse anota al respecto la siguiente observación: “Se derraman lágrimas de sangre: es algo que no debe hacerse duraderamente.” *

* Cuando en la lucha de la vida, llega uno a un punto en que ya no le es posible seguir adelante, y de su pecho se escapa un suspiro, como ocurre en aquel famoso momento de la Sinfonía en Do Menor de Beethoven... un estado semejante no debe perpetuarse. Hay que volver a uncir los caballos de las ideas de firme voluntad, y llevar la lucha a su término:
“Quien nunca descansa, quien con el corazón y la sangre piensa en lograr lo imposible, ese triunfa.”

(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9

4. Meng / La Necedad Juvenil



en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:


Por dos vías mueve este signo a pensar en la juventud y en la necedad. El trigrama de arriba, Ken, tiene por imagen la montaña; la imagen del de abajo, K'an, es el agua. La fuente que brota al pie de la montaña da la imagen de juventud inexperta. El atributo del signo superior es el aquietamiento, el del inferior es el abismo, el peligro. El quedarse quieto frente a un peligroso abismo es, además, símbolo de la desconcertada necedad de la juventud. Pero ambos signos implican, por otra parte, el camino de cómo superar las necedades juveniles: el agua necesariamente sigue su curso fluyendo; al emerger el manantial, de buenas a primeras no sabe, claro está, hacia dónde dirigirse, pero con su constante fluir va rellenando los sitios que le impiden el progreso, y así obtiene el éxito.

EL DICTAMEN

La Necedad Juvenil tiene éxito.
No soy yo quien busca al joven necio,
el joven necio me busca a mi.
Al primer oráculo doy razón.
Si pregunta dos, tres veces, es molestia.
Cuando molesta no doy información.
Es propicia la perseverancia.

En la juventud la necedad no es nada malo. A pesar de todo, puede incluso lograr el éxito. Sólo que es preciso dar con un maestro experto, y enfrentarse con él del modo debido. Para ello hace falta, en primer lugar, que uno mismo advierta su propia inexperiencia y emprenda la búsqueda de un maestro. Únicamente semejante modestia y diligencia acreditarán la necesaria disposición receptiva, que habrá de manifestarse en un devoto reconocimiento hacia el maestro.
Así, pues, el maestro debe esperar, tranquilamente, hasta que se -acuda a él. No debe brindarse espontáneamente. Sólo así la enseñanza podrá llevarse a cabo a su debido tiempo y del modo que corresponde.
La respuesta que da el maestro a las preguntas del discípulo ha de ser clara y concreta, como la respuesta que desea obtener del oráculo un consultante. Siendo así, la respuesta deberá aceptarse como solución de la duda, como decisión. Una desconfiada o irreflexiva insistencia en la pregunta sólo sirve para incomodar al maestro y lo mejor que éste podrá hacer es pasarla por alto en silencio, de modo parecido a como también el oráculo da una sola respuesta y se niega ante preguntas que denotan duda o que intentan ponerlo a prueba. Cuando a ello se agrega la perseverancia, que no cesa hasta que uno se haya apropiado del saber punto por punto, se tendrá asegurado un hermoso éxito.
El signo da, pues, consejos tanto al que enseña como al que aprende.

LA IMAGEN

En lo bajo, al pie de la montaña, surge un manantial:
la imagen de la juventud.
Así el noble, mediante su actuación escrupulosa, sustenta su carácter.

El manantial logra fluir y superar la detención rellenando todos los sitios huecos que encuentra en el camino. Del mismo modo el camino hacia la formación del carácter es la escrupulosidad que no saltea nada sino que paulatina y constantemente rellena todos los huecos como el agua, logrando así avanzar.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un seis significa:
Con el fin de desarrollar al necio
Es propicio disciplinar al hombre.
Deben quitarse las trabas.
Continuar así trae humillación.

Al comienzo de la educación debe regir la ley. La inexperiencia de la juventud se inclina, por lo pronto, a tomar las cosas con negligencia y como si se tratara de un juego. Debe enseñársele entonces la seriedad de la vida. Una cierta auto sujeción obtenida por la fuerza con rígida disciplina, es adecuada. El que sólo juega con la vida nunca llega a buen término. Pero la disciplina no debe degenerar en un ejercicio de amaestramiento. El amaestramiento continuado resulta humillante y paraliza la energía.

Nueve en el segundo puesto significa:
Soportar a los necios con benevolencia trae ventura.
Saber tomar a las mujeres trae ventura.
El hijo es apto para administrar la casa.

Se alude aquí a un hombre que no tiene poder externo, pero sí la necesaria fuerza espiritual para sobrellevar la responsabilidad que pesa sobre él. Posee la superioridad y fuerza interior necesarias para poder soportar con bondad las insuficiencias de la -necedad humana. La misma actitud cabe frente a las mujeres, en cuanto sexo más débil. Hay que saber cómo tomarlas y con cierta caballeresca indulgencia mostrarles reconocimiento. Únicamente en virtud de tal alianza entre la fuerza interior y la discreción exterior podrá uno cargar sobre sí la responsabilidad de conducir un organismo social de cierta importancia, obteniendo un éxito real.

Seis en el tercer puesto significa:
No has de tomar una muchacha
que ve a un hombre de bronce
y ya no es dueña de si misma.
Nada es propicio.

Un hombre débil, inexperto, que ambiciona ascender, pierde fácilmente su modalidad propia cuando se topa con una fuerte personalidad que ocupa una posición alta y a la que imita como un esclavo. Se asemeja a una muchacha que se abandona y se entrega al encontrarse con un hombre fuerte. No debe uno mostrarse solícito frente a semejante acercamiento forzado. Tal solicitud no sería buena ni para el adolescente ni para el educador.
Una muchacha, cuidando su dignidad, debe esperar a que se la corteje. En ambos casos, es indigno que uno se ofrezca a sí mismo; tampoco es bueno aceptar semejante ofrecimiento.

Seis en el cuarto puesto significa:
Necedad con cortedad trae humillación.

Lo más desesperanzado para la necedad juvenil es enredarse en huecas fantasías. Cuanto mayor sea la terquedad con que se aferre a tales imaginaciones apartadas de la realidad, con tanta mayor certeza atraerá humillaciones sobre sí.
Frente a la necedad corta de alcances el educador no tendrá menudo más remedio que abandonarla, durante un tiempo, a si misma, sin ahorrarle la humillación que le acarreará su comportamiento. Éste será entonces el único camino para su salvación.


Seis en el quinto puesto significa:
Necedad infantil aporta ventura.

Un hombre inexperto que de manera infantil y sin pretensiones busca enseñanza, tiene todo a su favor. Pues quien libre de soberbia, se subordina al maestro, se verá estimulado con toda seguridad.

Al tope un nueve significa:
Al castigar la necedad no es propicio
cometer abusos.
Solo es propicio defenderse de abusos.

Hay circunstancias que obligan a que un necio incorregible sea castigado. Quien no escarmienta, ha de sentir las consecuencias en carne propia. Este castigo difiere del sacudimiento usado al comienzo. Pero el castigo no debe aplicarse con ira; antes bien ha de limitarse a un rechazo objetivo de abusos injustificados. El castigo no es jamás un fin en sí mismo; únicamente debe servir para que se establezcan condiciones de orden.
Esto vale tanto aplicado a la educación como a las medidas que toma un gobierno frente a una población que se ha hecho culpable de transgresiones y abusos. La intervención del gobierno ha de ser siempre únicamente defensiva, teniendo como único fin el establecimiento de la seguridad y la tranquilidad públicas.

(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9

5. Hsü / La Espera (La Alimentación)

en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:

Todos lo seres necesitan del alimento que procede de arriba. Pero la donación de la comida tiene su tiempo que debe aguardarse. El signo muestra las nubes en el cielo, dispensadoras de la lluvia que a su vez alegra toda vegetación y procura al hombre comida y bebida. Esta lluvia llegará a su hora. No es posible forzarla, hay que aguardarla. Sugieren la idea de la espera de las cualidades de los dos signos primarios: en lo interior fortaleza, delante de ella peligro, la fuerza tiene frente al peligro no se precipita, sino que está en condiciones de esperar, mientras que la debilidad frente al peligro se excita y se agita y no posee la paciencia necesaria para esperar.

EL DICTAMEN

La espera. Si eres veraz, tendrás luz y éxito. La perseverancia trae ventura. Es propicio atravesar las grandes aguas.

La espera no es una esperanza vacua. Alberga la certidumbre interior de alcanzar su meta. Sólo tal certidumbre interior confiere la luz, que es lo único que conduce al logro y finalmente a la perseverancia que trae ventura y provee la fuerza necesaria para cruzar las grandes aguas. Alguien afronta un peligro y debe superarlo. La debilidad y la impaciencia no logran nada. Únicamente quien posee fortaleza domina su destino, pues merced a su seguridad interior es capaz de aguardar. Esta fortaleza se manifiesta a través de una veracidad implacable. Únicamente cuando uno es capaz de mirar las cosas de frente y verlas como son, sin ninguna clase de autoengaño ni ilusión, va desarrollándose a partir de los acontecimientos la claridad que permite reconocer el camino hacia el éxito. Consecuencia de esta comprensión ha de ser una decidida actuación perseverante; pues sólo cuando uno va resueltamente al encuentro de su destino, podrá dominarlo. Podrá entonces atravesar las grandes aguas, vale decir tomar una decisión y triunfar sobre el peligro.

LA IMAGEN 

En el cielo se elevan nubes: la imagen de La Espera.
 Así come y bebe el noble y permanece sereno y de buen humor.

Cuando las nubes se elevan en el cielo es señal de que va a llover. En tales circunstancias no puede hacerse ninguna otra cosa más que esperar, hasta que se precipite la lluvia. Lo mismo ocurre en la vida, en momentos en que se va preparando el cumplimiento de un designio. Mientras no se cumpla el plazo no hay que preocuparse pretendiendo configurar el porvenir con intervenciones y maquinaciones personales; antes bien es menester concentrar tranquilamente, mediante el acto de comer y beber, las energías necesarias al cuerpo, y mediante la serenidad y el buen humor, las que requiere el espíritu. El destino se cumple enteramente por sí sólo, y para entonces uno se encuentra dispuesto.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un nueve significa:  
Esperar en la pradera. Es propicio permanecer en lo duradero. Ningún defecto.

El peligro todavía se halla lejos. Todavía se encuentra uno esperando en medio de una vasta llanura. Todavía las circunstancias son simples. Sólo se siente en la atmósfera algo que anuncia lo que está por llegar. En tal caso es necesario conservar las normas regulares de la vida mientras sea posible. Únicamente así se preservará uno de una prematura dispersión de sus fuerzas y quedará libre de tacha y error, factores que implicarían un futuro debilitamiento.

Nueve en el segundo puesto significa:  
La espera en la arena. Hay alguna habladuría. El final aporta ventura.

Paulatinamente el peligro viene aproximándose. La arena se halla cerca de la orilla del río que representa el peligro. Comienzan a aparecer incompatibilidades. En momentos así surge fácilmente la inquietud general. Hay inculpaciones recíprocas. Quien en tales momentos permanece sereno logrará que finalmente todo marche bien. Toda difamación tendrá que enmudecer al fin, el no verse complacida por réplicas que demuestran que uno se siente ofendido.

Nueve en el tercer puesto significa:  
La Espera en el fango da lugar a la llegada del enemigo.

El fango, ya lamido y humedecido por el agua del río, no es un sitio favorable para la espera. En lugar de juntar fuerzas suficientes para poder cruzar las aguas de un tirón, uno ha arremetido, con prematuro ímpetu, valiéndose de un impulso cuya fuerza alcanza no más que para llegar al fango. Semejante situación desfavorable atrae a los enemigos de afuera, que naturalmente aprovechan las circunstancias. Únicamente con seriedad y precaución podrá uno preservarse de perjuicios.

Seis en el cuarto puesto significa:  
La Espera en la sangre. ¡Fuera del agujero!

La situación es en extremo peligrosa. Se ha vuelto gravemente seria: es cuestión de vida o muerte. Hay en cierne un inminente derramamiento de sangre. Uno no puede ni avanzar ni retroceder y se encuentra aislado como un hoyo, un agujero. Entonces es simplemente necesario aguardar, dejar que el destino se cumpla. Esta tranquilidad, destinada a impedir que actos propios agraven más aún el daño, es el único camino para salir del peligroso agujero.

Nueve en el quinto puesto significa:  
Esperar junto al vino y la comida. La perseverancia trae ventura.

También en medio del peligro hay pausas de tranquilidad y recreo durante las cuales las cosas van relativamente bien. Poseyendo uno la debida fortaleza interior, aprovechará esos períodos de descanso a fin de fortalecerse para una nueva lucha. Será entonces capaz de disfrutar del momento sin dejarse desviar de su meta, pues para afirmarse en la victoria se requiere perseverancia. Lo mismo acontece en la vida pública. No e posible lograr todo de buenas a primeras. Hay una suprema sabiduría en consentir a la gente tales pausas de recreo, que vivifican la alegre disposición para el trabajo destinado a llevar a cabo la obra. Aquí yace oculto el secreto de todo este hexagrama. Difiere éste del signo llamado “El Obstáculo”, por el hecho de que durante la espera se siente uno seguro en lo que hace y no permite por lo tanto que nada lo prive de la calma propia de la serenidad interior.

Al tope un seis significa:  
Uno cae en el agujero. Arriban entonces tres huéspedes no convidados. Hónralos y al fin llegará la ventura.

La espera ha pasado: el peligro ya no puede eludirse. Uno cae en el agujero y debe aceptar lo inevitable. Todo parece haberse hecho en vano. Pero precisamente en virtud de esta emergencia se introduce un cambio imprevisto. Sin que uno haga nada se produce desde afuera una intromisión que, en el primer momento, puede inspirar dudas en cuanto a las intenciones implicadas: no se sabe si lo que trae es salvación o destrucción. En tales momentos es cuestión de permanecer mentalmente ágil. Lo que corresponde no es el encerrarse en sí mismo, con terquedad, sino una respetuosa acogida del nuevo cambio. Así por fin saldrá uno del peligro y todo marchará bien. También los cambios felices llegan a menudo de un modo que, en el primer momento, nos parece extraño.

(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9

6. Sung / El Conflicto (El Pleito)



en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:



El signo primario superior, cuya imagen es el cielo, orienta su movimiento hacia arriba; el signo primario inferior – agua -, conforme a su naturaleza tiende hacia abajo. Los rumbos de movimiento de las dos mitades divergen y esto da por resultado la idea de conflicto. Cualidad de lo creativo es la fuerza, la energía; la de lo abismal es el peligro, la astucia.
Allí donde la astucia se enfrenta con la fuerza violenta, hay querella, conflicto.
Una tercera deducción, referida al carácter, se impone en virtud del enlace de una insondable, abismal astucia en lo interior con una enérgica decisión en lo exterior. Un carácter semejante será seguramente pendenciero.

EL DICTAMEN

El conflicto: eres veraz y te frenan. Detenerse con cautela a mitad de camino trae ventura. Ir hasta el fin trae desventura. Es propicio ver al gran hombre. No es propicio atravesar las grandes aguas.

El conflicto surge cuando alguien, sintiendo que está en su buen derecho, se topa con resistencias. Sin esa convicción de que uno está en su derecho, la resistencia conduce a la astucia o a la trasgresión violenta, y no al pleito abierto.
Cuando uno se halla envuelto en un pleito, lo único que podrá traerle salvación es una vigorosa y firme serenidad, dispuesta en todo momento a la conciliación del pleito, al arreglo a mitad de camino. Continuar la querella hasta su amargo fin acarrea malas consecuencias, aun cuando uno concluya teniendo razón, puesto que en tal caso se perpetúa la enemistad. Es importante ver al gran hombre, vale decir a un hombre imparcial, cuya autoridad sea suficiente como para solucionar el pleito en forma pacífica o bien para fallar con justicia. Por otra parte, en tiempos de discordia es preciso evitar “atravesar las grandes aguas”, vale decir iniciar empresas riesgosas, pues éstas, si han de tener éxito, requieren una real unificación de fuerzas. El conflicto en lo interior paraliza la fuerza necesaria para triunfar sobre el peligro en lo exterior.

LA IMAGEN 

Cielo y agua se mueven en sentido contrario:
 la imagen del conflicto. Así el noble, en todos los negocios que realiza, reflexiona debidamente sobre su comienzo.

La imagen indica que las causas del conflicto residen en las orientaciones opuestas, ya previamente existentes, de ambas partes. Una vez que aparecen tales direcciones divergentes necesariamente se origina en ellas el conflicto. Se infiere entonces que a fin de precaver el conflicto conviene pensar cuidadosamente en todo desde el mismo comienzo. Cuando se establecen claramente derechos y deberes, o si en una asociación humana convergen las orientaciones espirituales, la causa del conflicto queda de antemano eliminada.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un seis significa:
Si uno no perpetúa la cuestión
habrá un poco de chismorreo.
Al cabo llega la ventura.
Mientras el conflicto se halla todavía en su comienzo incipiente lo mejor que puede hacerse es abandonarlo. Sobre todo frente a un adversario más fuerte no es aconsejable dejar que las cosas avancen hasta producirse el debate del pleito. Tal vez se llegue así a un breve cambio de palabras, pero finalmente todo irá bien.

Nueve en el segundo puesto significa:
Uno no puede pleitear, retorna a su casa y lo elude.
Las gentes de su ciudad, trescientas casas,
quedan libres de culpa.
En la lucha con un adversario superior, la retirada no es ninguna vergüenza. El retirarse a tiempo evita malas consecuencias. Si instigado por un falso amor propio, uno promoviera el conflicto, provocaría su propia desgracia. En un caso semejante, una sabia transigencia redunda en bien de todo el vecindario que, de esta manera, no se verá arrastrado al conflicto.

Seis en el tercer puesto significa:
Nutrirse de antigua virtud da perseverancia.
Peligro, al cabo llega la ventura.
Si acaso sigues obediente al servicio de un rey,
no busques obras.
Hay aquí una advertencia acerca del peligro que implica la propensión al arrebato. Sólo lo que uno se ha ganado honradamente, en virtud de méritos previos, constituye una posesión duradera. Semejante posesión puede por cierto sufrir ataques ocasionales, mas puesto que se trata de real propiedad, no puede ser objeto de un robo. Pues no puede perderse lo que a uno le corresponde merced al poder de su propia naturaleza. Cuando uno entra al servicio de un superior, el conflicto sólo puede evitarse si uno no se propone realizar obras para hacer mérito; bastará que éstas se hagan. El honor de hacerlas bien puede dejársele al otro.

Nueve en el cuarto puesto significa:
Uno no puede pleitear,
se vuelve y acata el destino,
cambia, y encuentra paz en la perseverancia.
¡Ventura!
Al principio, una actitud interior que no halla sosiego. Uno no se siente cómodo en la situación en que se encuentra y quisiera pleitear para procurarse una mejor situación. Tiene que habérselas con un adversario más débil y estaría por lo tanto perfectamente capacitado para hacerlo -he aquí una diferencia en comparación con “nueve en el segundo puesto”-, sin embargo, pleitear no le resulta, porque no hallando para ello justificación interior, su conciencia no se lo permite. Por lo tanto opta por volverse atrás y se conforma con su destino. Modifica su actitud y encuentra paz duradera en la armonía con la ley eterna. Esto aporta ventura.

Nueve en el quinto puesto significa:
Pleitear ante él trae elevada ventura.
Aparece aquí el componedor del pleito; es poderoso y justo y dispone de la fuerza necesaria para imponer el derecho. En sus manos puede dejarse un litigio con toda confianza. Si uno tiene razón y está en su derecho obtendrá gran ventura.

Al tope un nueve significa:
Aún cuando acaso a alguien se le otorgue un cinturón de cuero,
al terminar la mañana le será arrancado tres veces.
Aquí se describe a una persona que ha llevado el pleito hasta su amargo fin haciendo valer su razón. Se le confiere una distinción. Pero esta dicha no es duradera. La atacarán una y otra vez, y un conflicto sin fin será la consecuencia.

(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9

7. Shih / El Ejercito

en la versión de Richard Wilhelm (1) se lee:

Este signo se compone de los signos primarios K'an, el agua, y K'un, la tierra. Se simboliza así el agua subterránea que va juntándose en lo interior de la tierra. Del mismo modo se reúnen las fuerzas del ejército en medio de la multitud de un pueblo: invisibles en la paz, pero disponibles en todo momento como fuente de poder. Los atributos de los signos primarios son: en lo interior peligro y en lo exterior obediencia. Esto indica la naturaleza del ejército, que en su esencia mas íntima es una entidad peligrosa, mientras que en su manifestación exterior debe reinar la disciplina y la obediencia.
Desde el punto de vista de las líneas individuales, el rector del signo es el fuerte "nueve en el segundo puesto" al que se subordinan los demás trazos, todos blandos. Esta línea designa al mandatario, ya que ocupa el centro de uno de los dos signos primarios. Pero como se ubica en el de abajo y no en el de arriba, no representa la imagen del soberano, sino la del hábil general que mantiene al ejército en obediencia gracias a su autoridad.

EL DICTAMEN 

El ejército requiere perseverancia y un hombre fuerte.
 Ventura sin falla.
El ejército constituye una masa que, para convertirse realmente en ejército, requiere organización. Nada se puede lograr sin una firme disciplina. Mas esta disciplina no es posible obtenerla a la fuerza y con medios violentos, sino que reclama a un hombre fuerte al cual se vuelquen los corazones y que despierte entusiasmo. Este. Para poder desplegar sus dotes, debe contar con la confianza incondicional de su soberano, quien ha de dejar en sus manos la plena responsabilidad mientras dure la guerra. Pero una guerra es siempre una empresa riesgosa que acarrea danos y devastación. Por eso no se la debe iniciar con ligereza; únicamente debe recurrirse a ella como se apela a un remedio venenoso, y en última instancia. Un conductor experto ha de explicarle al pueblo con toda claridad la causa justa y presentarle un objetivo de guerra evidente y comprensible. Solo si existe un objetivo perfectamente determinado, por el cual el pueblo sea capaz de jugarse conscientemente, nacen, la unanimidad y la fortaleza de la convicción que conducen a la victoria. Pero el guía también debe cuidar de que en medio de la pasión guerrera y de la embriaguez del triunfo no se produzcan hechos injustos que no merecerían la aprobación general. La justicia y la perseverancia son las condiciones fundamentales para que todo marche bien.

LA IMAGEN 

En medio de la tierra hay agua: la imagen del ejército.
 Así el noble, en virtud de su magnanimidad para con el pueblo, acrecienta sus multitudes.
El agua subterránea permanece invisible en medio de la tierra. Así también el poder guerrero del pueblo se oculta invisible en sus multitudes. Cada campesino, cuando amenaza el peligro, se convierte en soldado y al término de la guerra retorna a su puesto junto al arado. Quien se muestra magnánimo con el pueblo conquista su amor, y el pueblo que vive bajo un régimen benigno se torna fuerte y poderoso. Únicamente un pueblo con una sólida económica puede tener relevancia en cuanto potencia bélica. Debe cultivarse, pues, esa potencia fomentándose las relaciones económicas del pueblo, mediante un gobierno humanitario. Únicamente si existe este lazo invisible entre gobierno y pueblo, que hace que el pueblo se sienta albergado como el agua subterránea en la tierra, es posible conducir una guerra victoriosamente.

LAS DIFERENTES LINEAS

Al comienzo un seis significa:  
Un ejército ha de partir en perfecto orden. Cuando no es bueno el orden, amenaza la desventura.
Al iniciarse una empresa bélica es necesario que refine el orden. Debe haber una causa justa y convincente, y la obediencia y la estructuración de las tropas deben organizarse perfectamente, pues en caso contrario el fracaso será la inevitable consecuencia.

Nueve en el segundo puesto significa:  
¡En medio del ejército! ¡Ventura! ¡Ninguna falla! El rey confiere un triple galardón.
El conductor debe hallarse en medio de su ejército. Debe sentirse en contacto con él y compartir con las multitudes a las que conduce tanto lo bueno como lo malo. Solo de este modo hará justicia a la grave responsabilidad que pesa sobre él. Para ello le es necesario el reconocimiento del soberano. Las distinciones que obtiene son justificadas, ya que no son fruto de una preferencia personal; antes bien-. Se honra en la persona del conductor a todo él ejército en cuyo medio él permanece.

Seis en el tercer puesto significa:  
Acaso el ejército conduzca cadáveres en el carruaje. ¡Desventura!
Una de las explicaciones pertinentes seria la una derrota, en razón de haberse inmiscuido en la conducción alguien que no es el guía predestinado. Otra explicación existente coincide, en su sentido, con la anterior, solo que la expresión "conducir cadáveres en el carruaje" se interpreta de otra manera. En ocasión de los sepelios y sacrificios mortuorios se observaba en China una costumbre por la cual el extinto, a quien se ofrendaba en sacrificio, era representado por un niño varón de la familia, sentado en el sitio destinado al cadáver, y al que se honraba en reemplazo del extinto. De ahí la mencionada explicación deriva la interpretación según la cual en el carruaje en cuestión va sentado un "niño cadáver", vale decir que la autoridad no es ejercida por quien corresponde, sino que hay otros que la usurpan. Tal vez toda la dificultad pueda obviarse mediante la suposición de un error de escritura (fan = todos, en lugar de shi = cadáver. En tal caso el sentido seria sin más: si acaso la multitud se hace dueña del ejército (viajando en el carruaje), las consecuencias serán desventuradas.

Seis en el cuarto puesto significa:  
El ejército se retira. No hay falla.
Si uno se enfrenta con un enemigo superior, con el cual la lucha no tendría perspectiva alguna de éxito, una retirada en orden será lo único adecuado, pues así él ejercito se preservara de la derrota y la disolución. No es de ninguna manera señal de coraje o fuerza empecinarse en librar, cueste lo que cueste, un combate sin esperanza de éxito.

Seis en el quinto puesto significa:  
En el campo hay un montaraz. Es propicio apresarlo. No hay falla. Conduzca el de más avanzada edad el ejército. El más joven conduce cadáveres; así la perseverancia acarrea desventura.
El animal salvaje se halla en el campo; vale decir, abandono su morada, el monte, y ha irrumpido en los campos devastándolos. Esto alude a la irrupción del enemigo. En tal caso se justifica plenamente la lucha enérgica y la punición. Pero el combate debe conducirse de acuerdo con todas las reglas. No ha de convertirse en un turbulento caos donde cada cual se defiende como puede. Esto, aun con máxima perseverancia y valentía, llevaría a la desventura. Bien al contrario, el ejército ha de ser guiado por un experto conductor. Es necesario llevar adelante una acción bélica. No es lícito que la multitud se empeñe en matar y liquidar simplemente todo lo que cae en sus manos, pues de este modo solo se obtendrá una derrota y, pese a toda perseverancia, predominaría la amenaza de la desventura.

Al tope un seis significa:  
El gran príncipe emite órdenes, funda estados, otorga feudos a familias. Hombres vulgares no deben utilizarse.
La guerra ha llegado a su victorioso fin. Se ha conquistado el triunfo. El rey reparte feudos y posesiones familiares entre sus leales. Pero es importante que las gentes vulgares no puedan llegar al poder. Si han contribuido con su ayuda, debe pagárseles con dinero. Pero no deben concedérseles predios ni derechos señoriales, a fin de que no se produzcan abusos.

(1) I Ching - El Libro de las Mutaciones. Ed. Sudamericana 7ma. edición Buenos Aires 1985 - ISBN 950-07-0085-9